Un parque con terrenos vacíos por los cuatro costados
Cuando uno piensa en un polígono industrial, suele imaginarse un recinto en plena ebullición, con camiones yendo y viniendo a toda prisa y con colapsos a la hora de entrar o salir del tajo. Pero en parques como el de Espiñeira esa imagen no es fácil de ver. Ayer a media mañana, apenas había movimiento en la zona. De hecho, se podía cruzar de cabo a rabo el área industrial sin topar de frente a ningún ser humano. Puede que las naves que están operativas trabajen a pleno rendimiento, pero algo hay en Espiñeira que le aporta al entorno una atmósfera de decaimiento. Da la sensación de que, pese a llevar años en marcha, el polígono sigue esperando una transformación que no llegó.
Esta misma semana, los empresarios decían que, en cuanto a obras y mejoras pendientes, no se avanzó nada en los últimos años. Tienen escasa potencia de agua, accesos en mal estado o maleza inundando las aceras... Un rosario de problemas que le hacen un flaco favor al punto neurálgico industrial del municipio boirense. Sin embargo, hay algo más.
Lo que más echa para atrás en el parque es el espacio libre. Los terrenos y más terrenos que siguen sin ápice de actividad. Los hay en la primera fase, cosa sangrante porque hace años que se inauguró el parque. Y, sobre todo, llaman la atención en la segunda, donde ayer lo único que se veían eran parcelas desnudas, sin rastro de obras por ninguna parte. Desde el Concello dicen que alguna licencia sí se pidió, pero que la crisis se ha llevado por delante las ganas de sacar adelante proyectos de muchos.
Paradoja
Puede que sea así. Puede que los bastos que pintan en la economía tengan algo que ver con la siguiente paradoja: las parcelas ahora están vacías, pero cuando las obras de urbanización de la segunda fase se retrasaban eran muchas voces las que se alzaban contra la Administración, apelando a que había premura por empezar a construir.
Eso, por no hablar de que los pronósticos eran que todo el suelo se llenaría rápidamente y que, ahora mismo, solo tecleando en Internet y visitando la página de Xestur -la entidad autonómica que gestiona el parque- puede verse que hay casi 20.000 metros cuadrados sin vender. ¿Se llenarán de naves a corto plazo?